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#ELLASDECIDEN Soledad Cafure: "La industria permite el desarrollo de una nación"

#ELLASDECIDEN Soledad Cafure: "La industria permite el desarrollo de una nación"

#EllasDeciden: Mujeres líderes de la industria metalúrgica argentina En este ciclo, invitamos a conocer a las mujeres jóvenes que lideran la nueva generación de industriales, para reconocer y visibilizar, por un lado, el rol, los logros y la labor de las mujeres en la industria y por el otro, la importancia de la gremial empresaria representada en ADIMRA Joven para su trayectoria.

Soledad Cafure

Córdoba, Argentina

Contadora Pública - Universidad Católica de Córdoba

Magister en Dirección de Empresas - Universidad Nacional de Córdoba

Gerente General en SIEC S.R.L.

Vocal Titular en Cámara de Industriales Metalúrgicos y de Componentes de Córdoba

Vocal Suplente en Cámara de Equipamiento Hospitalario de Fabricación Argentina

Tesorera del Centro Tecnológico de Arteaga

 

La empresa

SIEC es una empresa que tiene más de 30 años en el mercado. La fundó mi papá con un socio. A nivel industrial, mi papá es la primera generación. No viene de una familia de industriales, así que fue el primer eslabón. Empezó brindando servicios de mantenimiento a hospitales e instituciones de salud, y proveyendo insumos. Con el tiempo, el socio no participó más. Ahí ingresó mi mamá, que es Licenciada en Psicomotricidad. Venía de un ámbito que no tenía nada que ver con este mundo. La complementación que tiene que existir, como en una pareja, existe en la empresa y es necesaria porque siempre hay uno que equilibra al otro. La visión de ir por un buen camino, elegir de qué personas rodearse y cómo progresar, fue aportada por mi mamá dentro de la empresa. Ella ingresó y empezó un camino de negocios y de tipo de trabajo que permitió a la empresa poder escalar. Ella no venía de un mundo afín, y se abocó a la administración. Cuidaba las finanzas. Juntos, con mi papá, llevaron adelante la empresa que, poco a poco, empezó a modificarse. Mi papá es ingeniero electrónico especializado en electromedicina, orientado al equipamiento médico. Él, anteriormente, estuvo a cargo del mantenimiento de los hospitales públicos cordobeses. La empresa fue mutando y empezó a incorporar la comercialización de equipos médicos. En 1996, empezamos a fabricar muebles hospitalarios. En ese momento, teníamos una fábrica en Barrio San Vicente. Fue todo un logro comprar ese lugar para nosotros y poder empezar a fabricar nuestros productos. Poco a poco, nos fuimos apartando del servicio de mantenimiento para comercializar equipos y vender los productos que fabricamos.

En el año 2006, surgió acá la posibilidad de construir un proyecto nuevo. Siempre vendimos en el mercado nacional, y empezamos a pensar cómo podíamos crecer. Había varios temas a poner en la mesa, como generar productos con valor agregado para la exportación, tener la capacidad de producirlos, introducir variables como el diseño... y esto no lo podíamos hacer en la planta que teníamos porque necesitaba un reacondicionamiento productivo. Yo armé un proyecto para conseguir fondos y armar una nueva planta. Lo presentamos y obtuvimos un préstamo. Nos lanzamos a la aventura de construir una nave de cero, a pulmón, en 2007... El préstamo no nos alcanzó por la inflación, pero el espíritu de ir para adelante estuvo presente y dijimos "estamos a la mitad del río, ahora tenemos que cruzar". Así, pudimos mudarnos y armar una planta en la cual estamos trabajando actualmente y por suerte nos va muy bien. Siempre buscamos poner amor a lo que hacemos y enfocar nuestros esfuerzos. Es un desafío de todos los días. Hoy, fabricamos la única línea de carros nacionales en polímeros que compite con los importados. Es un orgullo, y la actividad industrial en nuestro país requiere muchísimo esfuerzo. Pero creo que nadie, ni mis padres ni yo, la cambiaríamos por otra actividad. Esto tiene que ver con el amor con lo que uno hace, poder transformar y crear valor, y la industria te da posibilidades de hacer eso. De sumar algo a tu entorno. Nosotros aportamos a instituciones de salud y a profesionales, así como otras industrias colaboran con más áreas de la sociedad. Llevamos a las personas productos que permiten construir una mejor vida. La industria de equipamiento médico cobró otra relevancia también en el contexto de la pandemia. No era tan conocida como ahora, y está compuesta por empresas importantes que han permitido darnos un margen como país para acceder a productos que otros países necesitaban importar. La industria permite el desarrollo de una nación, posibilita crecer y fortalecerse. Además, genera poder. Un país con industria tiene mejores posibilidades de pararse frente a otros que un país que no la tiene. Llevar adelante la industria en este país es un desafío, pero no dejaría de hacerlo.

Su trayectoria

 

Yo vengo de las ciencias económicas. Desde chica, siempre me gustaron mucho los números. Me fue muy bien en el colegio, a base de esfuerzo. Me inculcaron eso en casa. Después ingresé a la carrera de contador público en la Universidad Católica de Córdoba. En el medio, realizaba pasantías, y además iba y venía de la empresa de mi familia, veía lo que hacía el contador que había en su momento, miraba los documentos, cosas propias de la administración, solamente por mi gusto de estar cerca. SIEC siempre fue un lugar de puertas abiertas.

Cuando estaba en la facultad, me presenté a una pasantía y me tomaron. Era para trabajar como analista de costos en una empresa de construcción. Estaba en una oficina técnica. Tenía 22 años y era la única mujer entre 10 hombres de 35 años para arriba. Y para mí fue una experiencia fantástica. Algunos días se tornaba difícil, porque encima yo estudiaba para contadora y ahí todos eran ingenieros y arquitectos. No encajaba con nada. En algunos momentos, me decían que yo no sabía sobre algunos temas. Si bien viví esos momentos, no los dejé entrar. No les agarré el guante y traté de hacer lo mejor. Con el tiempo, armé mi espacio y me lo gané. Todo eso lo pude revertir. Fue una experiencia que me enseñó mucho. Por más que hayan querido plantear esas situaciones de diferencia, nunca me quedé atrapada en ellas. Creo que puede tener que ver con la confianza de lo que podemos plantear. Las personas valemos por la capacidad de lo que podemos construir, sin distinción de género. Todas las personas, si nos lo proponemos, podemos estar en los ámbitos donde queramos, y el mundo está cada vez más permeable a eso. Quien no lo ve así, se quedó en una instancia anterior en la sociedad, la industria y la humanidad. Podemos lograr cosas basadas en la confianza y la perseverancia. Hoy tenemos mujeres que lideran industrias, operarias, científicas, mujeres que van al espacio... no hay límites para lo que podemos hacer. Hay muchas personas que necesitan apoyo e inspiración de otras para poder abrirse camino. Estamos incorporando cada vez más mujeres en la empresa, profesionales no sólo en ámbitos tradicionales como la administración sino también en planta, y creemos que es un camino de ida.

Cuando terminé mi carrera, empecé a trabajar de forma independiente como contadora durante 10 años. Abrí mi propio estudio, tenía una socia, y una buena cartera de clientes. A los 25 años, ingresé a una maestría en Administración de Empresas en la Universidad Nacional de Córdoba. Ahí, me di cuenta que lo mío era el mundo de las empresas, más vinculado a la gestión, para poder aportar desde distintos ámbitos. Somos personas integrales con distintas dimensiones. La posibilidad de participar en producción, finanzas, en lo comercial, me encantó. Ahí decidí que tenía que enfocarme a trabajar en la empresa. Mi formación como contadora me da herramientas muy buenas para la gerencia general, porque te da una noción sobre impuestos, finanzas, y el tema laboral.

Su visión y trabajo en la gremial empresaria

 

Nuestra empresa está asociada a CAEHFA y CIMCC. En 2017, me llegó por mail una convocatoria para las empresas metalúrgicas invitando a sumarse a ADIMRA Joven. Y me dio curiosidad, porque nunca había tenido contacto con nada vinculado a la gremial empresaria. Contesté el mail y dije que quería saber de qué se trataba. Me pareció interesante, y decidí ir. Había una reunión en Las Parejas, Santa Fe, y yo asistí. Fui muy bien recibida. Por suerte, yo soy una persona sin timidez para ir a lugares nuevos y participar. Ahí conocí a todos los integrantes de ADIMRA Joven que hoy siguen formando parte de la Comisión. A partir de ahí, ese espacio se convirtió en algo muy lindo para mí. Pude compartir con personas de otras provincias, experiencias sobre otras industrias que no son de mi sector, aprender cómo trabajan... además de entrenarse en cómo se mueve la gremial y qué necesita. Esto te abre de otra manera la cabeza. Se trabaja mucho y hay gente muy comprometida a luchar por la industria nacional que destina gran parte de su tiempo para ese objetivo. Es fundamental que exista como organismo de representación y como vehículo para generar cambios. Las empresas necesitamos vías de acceso para que nos escuchen y podamos comunicar lo que está pasando.

Apenas salí de ADIMRA Joven, me convocaron de la Cámara de Industriales Metalúrgicos de Córdoba. Ahí empecé a participar en su comisión directiva, y lo hago actualmente con mucho gusto. ADIMRA Joven me sirvió para entender previamente lo que se hace desde la gremial. Este año, pasé a integrar también la comisión directiva de CAEHFA, que es mi cámara sectorial. Puedo detectar qué necesita nuestro sector y cómo lo podemos generar. También soy tesorera del Centro Tecnológico de Arteaga, y lo lindo de todo esto, de los distintos ámbitos, es ver cómo uno encuentra posibilidades de aportar. La buena participación requiere no sólo poner la cara, sino sumar ideas y poder trabajar por ellas.

Yo encontré en ADIMRA Joven un ámbito que reúne la amistad, las ganas de generar cambios y de mejorar nuestra industria. Encontré un espacio desde el cual podemos transformar la sociedad en la que vivimos. Es muy bueno encontrar ámbitos en los cuales se buscan soluciones dejando de lado la queja o las limitaciones que tenemos. Es muy común que todos estemos atravesados por los problemas, pero eso pasa a ser tóxico y nos enferma. Además, nos quita el foco en los objetivos. En ADIMRA Joven sentí que podía cambiar eso y valió mucho la pena.

Fotos

Adolfo Alsina 1609

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